En el crepúsculo de una vida compartida, Aiden y Anya se encontraban en la cima de una colina que dominaba el vasto territorio que habían protegido y amado durante décadas. El sol poniente teñía el cielo de tonos anaranjados y púrpuras, reflejando la calidez de los años vividos juntos.
Aiden, cuyos cabellos habían adquirido destellos plateados con el paso del tiempo, mantenía la misma postura erguida y firmeza en la mirada que lo caracterizaba como líder. Anya, a su lado, irradiaba una serenida