96. El infierno está lejos de haber terminado.
El mundo se desdibuja en un torbellino de sombras y sangre. Siento los brazos de Rita sosteniéndome, su aliento entrecortado junto a mi oído, pero todo se aleja, como si mi cuerpo ya no me perteneciera.
Estoy cayendo.
No sé cuánto tiempo pasa. Tal vez segundos, tal vez horas. Solo sé que cuando abro los ojos, no estoy donde estaba antes.
El suelo bajo mí es frío, piedra húmeda, y el aire huele a óxido y tierra.
Parpadeo.
Un techo de madera podrida, vigas ennegrecidas por el humo.
Giro la cabeza