91. Por ira.
Los lobos avanzan en sincronía perfecta, como si fueran extensiones de la voluntad de Natan. No gruñen ni rugen, solo se mueven con una precisión escalofriante.
Eliot recarga su arma, pero no tiene suficiente munición para todos. Rita, a mi lado, mantiene el arma firme, aunque sus manos tiemblan levemente.
Yo estoy paralizado. No por miedo.
Por ira.
—¿Qué demonios hicieron contigo? —le gruño a Natan, pero él solo inclina la cabeza con una expresión indescifrable.
—Me hicieron mejor.
Mi pecho se