90. Esta vez, no hay escapatoria.
El eco del disparo aún vibra en mis oídos. El cadáver del hombre sigue ahí, con los ojos abiertos, pero no lo miro. Estoy congelado, procesando lo que acaba de pasar. Lo que él dijo.
—No tenemos tiempo para esto —gruñe Eliot, alejándose del cuerpo. Se asoma por la puerta rota, con el arma en alto.
Rita se aferra a mi brazo, su pulso acelerado.
—Luke… —su voz es un hilo tembloroso—. ¿Qué significa eso?
Sé exactamente lo que significa.
Natan no nos dejó escapar. Nos está guiando.
Nos está llevand