71. Mi mente me dice que corra.
La sangre aún gotea de mis garras cuando Rita me toca.
Su contacto es cálido, humano. Me ancla.
Levanto la vista y la encuentro observándome con esos ojos enormes y oscuros, llenos de algo que no logro descifrar. No es miedo. No es asco. Es… algo más.
Los disparos han cesado por ahora, pero sabemos que no durará mucho.
—Tenemos que irnos —susurra otra vez, su voz más apremiante.
Pero yo no me muevo.
El mundo debería estar ardiendo a nuestro alrededor. Debería preocuparme por los cazadores, por