15. Ecos de un instinto.
El pequeño hotel donde trabajaba era humilde pero acogedor. Mientras ella limpiaba las habitaciones, me quedé en la recepción, observando todo con atención. Los olores del lugar eran variados, pero ninguno indicaba peligro inmediato.
Sin embargo, cuando un hombre alto y de ojos oscuros entró al vestíbulo, mis instintos se encendieron de inmediato.
—¿Buscás algo? —le pregunté, interponiéndome en su camino antes de que pudiera avanzar demasiado.
El hombre me miró con una sonrisa que no llegaba a