102. Es algo más.
Los árboles se estremecen.
Un murmullo recorre el bosque como una lengua venenosa. Ramas que crujen, hojas que tiemblan, y un hedor espeso a sangre vieja y metal oxidado. Algo se aproxima. No con el sigilo de un depredador, sino con la arrogancia de quien se sabe invencible.
Mi espalda se tensa. Cada fibra de mi cuerpo, cada nervio, vibra con una certeza primitiva: vienen por nosotros.
Y no son hombres lobo.
—Están cerca —susurra Eliot, con la vista clavada en el follaje. Tiene una pistola en l