Luna
El coche subió hasta donde pudo. El resto, fue él quien me guió de la mano. La calle de adoquines, el silencio de la parte alta del barrio, la brisa fría de la madrugada golpeando la piel sudada después de la fiesta. Él caminaba rápido, mano en la mía, los ojos siempre atentos. Y yo iba detrás, medio mareada todavía por la bebida, las ganas, su presencia.
La casa era discreta, muro bajo, portón de hierro, pero por dentro… era puro contraste. Grande, limpia, con todo en su lugar. La energ