Luna
El coche subió por el barrio despacio. Las luces de las casas sencillas parpadeaban al fondo, voces se perdían en la noche, pero dentro había un silencio casi cómodo. Luna miraba por la ventana, con Benicio acostado en su regazo, durmiendo profundamente. De vez en cuando, le acomodaba la cabeza con cuidado, pasaba la mano por el cabello del niño.
Yo conducía con una sola mano, observándola de reojo. No dije nada. Ni siquiera necesitaba. La forma en que ella lo trataba decía más que cualqui