La calle estaba sofocante, aunque era de noche. El barrio aún tenía movimiento, unos niños jugando a la pelota más arriba, unos tres chicos apoyados en la pared conversando. Pasé junto a ellos sin mirar a los lados. El tacón tocaba el asfalto de forma rítmica, y la parte baja del vestido se balanceaba a cada paso. Doblé a la derecha en la esquina del supermercadito, seguí un poco más por la acera llena de baches. El regalo pesaba ligeramente en mi brazo, pero ni incomodaba tanto. Caminé unos mi