Estaba herida, profundamente lastimada. Creo que esta herida arde con mucha más fuerza que la traición de Leonardo en el altar. “¿Por qué siempre me enamoro del hombre incorrecto?”, me preguntaba una y otra vez mientras sentía el peso de mi cuerpo sobre la cama. Lo peor de todo es que no sé qué hacer; me siento atrapada en mi propia recuperación, sin poder moverme libremente hasta que mis puntos sanen y mi cuerpo se haya recuperado totalmente del parto.
Eros quería quitarme mis derechos sobre la