Por un momento largo y asfixiante, pensé realmente que esto no era una broma. Mi mente se había bloqueado ante la posibilidad de que Bianca tuviera un origen tan conectado a mi mundo, pero Lucio, el hombre que creí que venía estrictamente por negocios, rompió el silencio con una carcajada vibrante. Se reía con tal naturalidad que me dejó aún más desconcertado; me quedé ahí, de pie frente a mi escritorio, sin tener la más mínima idea de qué demonios estaba pasando en mi propia oficina.
—Lo siento