—
—No seas estúpida, Melissa —sentencié, dando un paso firme hacia ella.
Desde aquel terrible suceso en el granero, me di cuenta de que ser blanda no sirve de absolutamente nada, mucho menos cuando te has enamorado de un hombre que vive rodeado de víboras hambrientas de poder. —Sabes tan bien como yo que no estás casada legalmente con Eros. ¿Quieres saber por qué? Porque todo esto empezó como una farsa, un contrato estrictamente profesional que él y yo habíamos firmado mucho antes de que tú apar