Han pasado dos días desde que le pedí el divorcio a Martín. En el momento en que se lo dije, todo se volvió un descontrol total. El hombre comenzó a caminar de un lugar a otro como un animal enjaulado y luego empezó a suplicar que no lo hiciera. Hasta que empezaron los gritos y no me quedó más remedio que llamar a seguridad para que lo sacaran.
—Amiga, Rox está aquí —mierda, lo que faltaba, la madre de Martín.
—Ya bajo —tomé aire y salí de la habitación.
—Querida —Rox se acercó dándome un abrazo