Han pasado una semana desde que Martín y yo decidimos darnos una oportunidad. Luego de varios días, al fin nos mudamos a la casa que escogimos. La casa es preciosa, con mucho espacio y un jardín enorme para que, en un futuro no muy lejano, nuestros hijos puedan jugar.
—¿Estás emocionada? —dice Martín mientras rodea mi cintura con sus fuertes brazos.
—Sí, no veo la hora de estar ya en nuestra casa, será como un nuevo comienzo para nosotros —me volteo y al hacerlo puedo ver un brillo especial en M