—La rubia acaba de marcharse —dijo James al teléfono, el olor a enfermos le estaba por provocar el vómito.
—¿te vio? —preguntó la mujer con la que hablaba
—Sí, pero no importa. Ella no me conoce. Tal vez Anya le ha hablado de mí. Pero me vio durante unos cuantos segundos, me prestó muchísima atención, creo que le gustó lo que vio.
—¡Imbécil! —dijo la mujer
—¡Vamos! Cariño, no te pongas celosa. Sabes que tengo de sobra para todas —James se levantó de su asiento, caminó por el corredor — puedo d