Chiara se sentía intrigada. Solo había visto a Adriano por la mañana y luego por la noche, cuando llegaba a dormir. Se le notaba molesto, aunque no con ella, sino con quienes intentaban hacer cosas por la ciudad. Miró el calendario; la fecha de la boda se acercaba. Al parecer, todo estaba ya arreglado, incluso la iglesia y el banquete, todo elegido por ella… y algunas cosas por el propio Adriano.
Había regresado al santuario —así llamaba ella a la antigua habitación de Martina— por el diario, q