La tormenta había amainado, dejando tras de sí un silencio blanco que envolvía el refugio. Dentro, el calor de la chimenea luchaba contra el frío glacial que emanaba de la mirada de Antonia. Ella estaba sentada en el borde de la cama, sosteniendo a Nael con una ternura que contrastaba con la rigidez de sus hombros cada vez que Noah se acercaba.
Noah estaba en el rincón, preparando una infusión. Cada movimiento suyo era medido, casi quirúrgico. Sabía que cualquier gesto brusco podía ser interpre