Pasaron doce meses antes de que Antonia volviera a pisar la superficie.
Doce meses de aprendizaje. Doce meses de crecimiento. Doce meses en los que la mujer que había llegado al Santuario con un niño en brazos y un vacío en la memoria se convirtió en otra. En alguien que su abuelo habría reconocido. En alguien que Alejandro no iba a reconocer. En alguien que Noah había visto desde el primer día, desde la cabaña, desde el hospital, desde el asfalto donde la encontró sangrando.
El proceso comenzó