El regreso a la cabaña fue un viaje de pesadilla hecho de niebla y silencio. Antonia manejó con los faros apagados durante los primeros kilómetros, temiendo que Camila hubiera alertado a alguien, que hubiera guardias en el camino, que el Sindicato estuviera esperándola en alguna curva para hacerla desaparecer. Pero la carretera estaba vacía. El bosque, oscuro. La noche, una herida abierta en el tiempo que no terminaba de cicatrizar.
El teléfono vibraba en el asiento del acompañante. Noah. Una v