87. No lo digas …
Clara
La inmensidad de la propiedad se levanta ante mis ojos con una arrogancia que me oprime el pecho. Miro las fachadas de piedra clara y los ventanales góticos sin dejarme impresionar por su opulencia. No puedo creer que Maximiliano haya sido tan jodidamente loco de buscar una casa tan masiva, tan ridículamente grande, solo para sostener una mentira de seis meses.
Bajo la ventanilla de la camioneta con la mano temblorosa, sintiendo el aire frío de las afueras de Chicago golpearme la cara. Me