59. La herencia
Maximiliano
El silencio que se desploma sobre la mesa no es de este mundo. Es una masa densa, eléctrica, que amenaza con hacer estallar las paredes del reservado.
Las palabras que acabo de escupir siguen flotando en el aire, irreversibles, destructivas.
Mi mente empieza a correr a un millón de millas por segundo.
El corazón me golpea el pecho con una fuerza salvaje, pero me obligo a mantener la mirada fija en mi padre, congelando mis facciones en una máscara de indiferencia absoluta mientras