58. Ya estoy comprometido
Maximiliano
Tal como lo esperaba la furia empieza a desatarse en el rostro de mi padre.
Lo veo empezar a cerrarse. Sus ojos d achican y antes de que pueda decir cualquier otra cosa el se adelanta.
Mi padre interviene, golpeando la mesa con la palma de la mano para recuperar el control absoluto del reservado. Su rostro es una tormenta de autoridad gris.
—¡Basta de ridiculeces, Maximiliano! No le hables de esa manera a tu futura esposa —me ordena con voz de trueno—. Si tengo a Bianca informándom