Gracias a la llegada de Helena Duval al circo, todos decidieron preparar un desayuno. Alexandra estaba sentada sola mientras que su esposo se reía con sus compañeros, lucía como si no hubiese tomado alcohol toda la noche y haya llegado a las tres de la madrugada.
Y justo donde debería estar sentado Alexander se sienta Loreal con una gran sonrisa en su rostro.
— Hola Alexandra. — Saluda ella.
— Hola. — Responde Alexandra por cortesía, pero había algo en esa chica que no le gustaba para nada.