〚KATERINE〛
Esa mañana, como todas las de la última semana, entro a la habitación de mi padre. La luz que se filtra por los ventanales se refleja sobre los muebles pulcros, las alfombras perfectamente alineadas y el brillo metálico de los objetos de plata. Todo parece inmutable, pero mi corazón no lo está. Mi padre yace allí, inmóvil, con los párpados cerrados, la respiración lenta y apenas perceptible. A su lado, el médico observa cada signo, cada mínimo movimiento, como si su vida dependiera de