La puerta de entrada se abre y entro sin pensar. Cada paso sobre el suelo de madera retumba en mis oídos, pero no me importa el ruido. Mi mirada barre el lugar: la disposición de la sala, los muebles, la luz que entra por las ventanas, todo se difumina ante la urgencia de encontrarla. La cocina, la sala, los rincones del piso inferior… nada. No está.
Las escaleras se elevan ante mí como una promesa. Subo de dos en dos, impulsado por el miedo y la esperanza. Cada escalón vibra bajo mi peso, reso