Y eso sí que no me lo esperaba. Nunca pensé que la herramienta de la que hablaba fuera esa.
El doctor Miles se subió rápido el pantalón y volvió a su cara de siempre, todo serio.
Esa mirada sin expresión hacía que pareciera otra persona.
—En efecto, acabo de comprobarlo… ya vi que eres adecuada para el molde más grande —me dijo como si nada.
También empezó a explicarme con toda la seriedad del mundo cómo debía usarlo y en qué tenía que fijarme.
Pero yo, la verdad, solo podía pensar en su cosa. E