Alaric
Ella se había ido. Ni siquiera mi confesión ni mis palabras serían capaces de detenerla. Le había dicho que la amaba, que era la única para mí. Ni siquiera tenía derecho a reclamarle por no escucharme, ya que habían sido mis propias palabras las que la habían herido. Palabras que comenzaron desde el primer momento en que nos vimos. Desde ese instante había sentenciado mi futuro. Pero juro por la diosa que nunca imaginé que sería tan oscuro.
Cuando vi que tenía poderes, mi dolor se trans