Alaric
Tobías estaba muerto, pero lo que había dicho me perturbaba. Sentí que ardía la herida en mi mano, esa en donde hice el juramento de sangre con Valerius. El peor error de mi vida.
—Gracias Su Majestad— dijo Amelia con lágrimas de sangre en su cara. Cuando fuimos interrumpidos por Rachel.
—¡Su Majestad! Los derrotamos, pero no sabemos si hay más a los alrededores —exclamó Rachel.
Amelia me miró, ella sabía que debía irme, que no podía dejar mi mate a la deriva, que la necesitaba. Fabrizio