Celeste
Su Majestad no apareció en la mañana, ni tampoco al día siguiente, pero cada mañana encontraba una magnolia apoyada en mi almohada. Tampoco me encontré con Fabrizio, ni Eva quien se olvidó de mis odiosos entrenamientos. Marina venía de vez en cuando a ver cómo estaba, pero también desaparecía. De nuevo estaba sola en el castillo.
En la cocina me dijeron que no podía trabajar ahí, así que me encontré sin nada que hacer. Me perdía entre los libros de la biblioteca, pero no sabía exactament