Fabrizio
Los guerreros de Su Majestad se expandían mucho más allá de los territorios, y, mientras me acercaba, me di cuenta de que, sin duda, había habido un ataque. No tenía dudas de que, dentro del castillo, se estaban llevando a cabo reuniones con personajes importantes, quienes pudieran ofrecer cualquier tipo de ayuda. Aun así, no pude ocultar la felicidad de ver quién me recibió en la puerta.
—¡Fabrizio! —dijo ella con una gran sonrisa.
—¡Marina!
No había olvidado todos los días y noches