Fabrizio
—Su Majestad —dije sin poder creerlo. De todas las personas que podrían venir, no pensé que sería él, y aquí estaba.
—Estuviste bastante tiempo perdido, vampiro, pero no podías escapar de nosotros por mucho tiempo —agregó con una sonrisa. Yo seguía tosiendo en la orilla, sin creer lo que había sucedido.
—Margarita... —jadeé mientras veía a dos lobos conteniendo a los vampiros, Rachel sacándolos del agua, Amelia cuidando a varios, y Lina en los brazos de mi amiga.
—Está bien, Marina ya l