Eva
—Muy bien, viejito. Ahora habla —le decía al tal Duque, un viejo vampiro encerrado aquí abajo de la gran casona de Su Excelencia.
Sin proponérmelo mucho, parece que había encontrado un aliado aquí adentro, entre tantas sabandijas desgraciadas y malnacidas. No era lo que yo esperaba, quizás alguien más poderoso, pero no me podía quejar. Sabía que mientras yo hacía planes, mi rey también los haría, y llegaría el momento en que nuestras fuerzas se encontraran. Yo no podía darle un ejército, pe