Fabrizio
—¡Sangre! —gritaban los vampiros. Tenía que salir de aquí. Mi Margarita era humana… rodeada de vampiros. Me acerqué más a la laguna y escuché un sonido. Los vampiros se aproximaban.
—No, no puede ser.
Era como si se liberaran cada vez que yo me acercaba a salvarla, a sacarla… la ponía en peligro. ¡Por todos los cielos! Introduje mi mano en el agua y los gruñidos de los vampiros enloquecieron. Seguían a algunos metros de distancia, pero sabía que eso podía cambiar.
—Fabrizio… no lo ha