Fue en este espacio donde Emma y Amélie fueron recibidas por el editor.
—Siéntense, queridos míos —murmuró.
Las dos jóvenes ocuparon sus lugares en las sillas destinadas para ellas.
– Bienvenida, señorita Emma, futura escritora llena de talento.
– ¡Gracias querido editor!
– En cuanto a usted, señorita Amélie, como le dije hace unas horas, leí el manuscrito de su compañera y debo decir que su escritura es magnífica. Sinceramente me gustó mucho y aprecio su trabajo. Ella hizo un gran trabajo. Pen