Cap{itulo 56
Encerrada
Pasaron horas, quizás más de las que Maya hubiera querido. El tiempo dentro de esa habitación parecía desdibujarse, como si los minutos se derritieran entre las paredes de piedra y el silencio opresivo. Había caminado de un extremo a otro tantas veces que se sabía de memoria cada grieta del suelo, cada irregularidad del muro. El único consuelo era la imagen persistente de Dina en su mente: viva, y alli, con ella.
Cuando por fin escuchó pasos al otro lado de la puerta, se