44. Soy Carlo Ferragni
Gia
La respiración ardió en mi pecho un segundo antes de llegar a mi garganta.
No hizo falta preguntar de que se trataba todo esto si la respuesta era muy clara. La mafia no descansaba, si quiera cuando creías que lo hacía o podías escabullirte de ella en las sombras. Ella siempre te alcanzaba.
Carlo me empujó contra el asiento cuando los cristales amenazaron con romperse y me colocó el cinturón de seguridad. Mientras tanto, con la otra mano, intentaba maniobrar el volante para que no nos rodea