43. Al final del camino… estaré yo
Gia
Fue como una descarga.
—Gia… —su voz. Poderosa. Varonil.
Tuve que sostenerme de la pared más cercana y coger aire porque creí que me desintegraría.
Esperé un instante, y luego empecé a caminar fuera del hospital. Quizás el viento conseguiría aligerar la tensión de mis músculos.
— ¿Cómo estás? —Preguntó tras mi silencio—. ¿Cómo está Isabella?
—La atención en el hospital es acogedora. Ella está haciéndolo muy bien —respondí, entonces, lo escuché suspirar de alivio.
— ¿Y tú, Gia, cómo estás tú