Detuvo el beso de repente y me miró durante un segundo que se sintió eterno. Yo también lo miré.
Nuestros rostros seguían demasiado cerca, nuestras respiraciones aún mezcladas, como si el beso no se hubiera ido del todo, como si solo estuviera suspendido en el aire, esperando permiso para volver.
—¿Qué sientes por mí?
La pregunta salió de mis labios como una bala. Directa. Impulsiva. Irrevocable.
Ni yo misma había pensado en hacerla. Simplemente, brotó, empujada por el miedo, por la incertidumbr