Al llegar a la habitación, lo primero que vi fue ese vestido extendido sobre la cama, como si no hubiera llegado antes que yo, como si me hubiese estado esperando desde siempre. Rojo.
Elegante hasta el extremo, impecable, perfectamente colocado, como una provocación silenciosa.
Era un vestido hermoso, pero también sensual, no tenía un gran escote en el pecho, pero sí mostraba una parte de la pierna hasta casi llegar al muslo.
Sentí un nudo en el estómago, incluso antes de acercarme.
Sobre la te