Al llegar a la habitación, lo primero que vi fue ese vestido extendido sobre la cama, como si no hubiera llegado antes que yo, como si me hubiese estado esperando desde siempre. Rojo.
Elegante hasta el extremo, impecable, perfectamente colocado, como una provocación silenciosa.
Era un vestido hermoso, pero también sensual, no tenía un gran escote en el pecho, pero sí mostraba una parte de la pierna hasta casi llegar al muslo.
Sentí un nudo en el estómago, incluso antes de acercarme.
Sobre la tela, alineada con una precisión inquietante, había una tarjeta.
La tomé, estaba nerviosa, luego de lo que pasó, encontrarme con Azkarion me hacía sentir tensa, recordar lo que hice, como me hizo sentir, me avergonzaba, me hacía sentir dominada por él.
Leí el mensaje una sola vez, pero fue suficiente para que se me grabara en la piel.
“En una hora vendrán por ti para traerte a mi lado”.
Nada más. Directo e inevitable.
Un escalofrío me recorrió la espalda con la lentitud de algo que se instala para