Esa noche regresé a ese bar.
Apenas crucé la puerta del área de personal, un torbellino de recuerdos me golpeó.
El olor a perfume mezclado con licor caro, las luces rojas del pasillo, las risas de las chicas que corrían de un lado a otro.
Todo era igual que antes, como si nunca me hubiera ido.
Algunas caras conocidas me recibieron con sonrisas sinceras, otras con sorpresa, quizá curiosidad. Yo devolví cada saludo con un gesto tembloroso, intentando parecer tranquila, aunque por dentro mi pecho a