POV Emma
Lo escuché todo.
Cada palabra sucia que salió de la boca de Adrian. Cada risa mal disimulada. Cada burla lanzada con ligereza, como si mis sentimientos fueran una anécdota sin importancia. Cada verdad dicha sin pudor, sin cuidado, sin el menor remordimiento.
No hubo filtros, no hubo culpa. Y cada sílaba me atravesó como un filo, rompiéndome por dentro un poco más, como si alguien apretara un vidrio contra mi pecho y lo girara lentamente, con crueldad calculada.
No lloré en ese instante.
Me quedé quieta, completamente inmóvil, helada por dentro. El corazón me golpeaba con tanta fuerza que me dolían los oídos. Era un ruido sordo, constante, desesperado.
Así suena la traición cuando deja de ser sospecha y se convierte en certeza. Así se siente cuando el amor muere sin previo aviso.
Me di la vuelta y caminé hasta la habitación del hotel sin pensar. Mis piernas se movían solas, mecánicas, como si mi cuerpo supiera qué hacer incluso cuando mi mente se negaba a aceptar la realidad.