POV Verena
Me acerqué a ella lentamente, con pasos calculados, como quien avanza hacia una herida abierta fingiendo que no duele. Cada movimiento estaba medido, cada respiración contenida. Por fuera parecía tranquila; por dentro, algo se retorcía con violencia, como un animal atrapado golpeando las paredes de mi pecho. Sentía el pulso firme en las sienes, una calma peligrosa, de esas que preceden a la tormenta.
La mujer me vio venir. Lo supe incluso antes de que girara por completo la cabeza. Por una fracción de segundo, quiso alejarse. Fue un gesto mínimo, casi imperceptible, pero yo lo vi: la tensión en sus hombros, el leve desplazamiento de su peso hacia atrás, la duda reflejada en su postura. Como un animal acorralado que no sabe si huir o quedarse quieto esperando el golpe.
—Señorita Celine —dije al fin, con una sonrisa perfectamente ensayada, pulida durante años para este tipo de situaciones.
Ella se detuvo. Se giró hacia mí y sonrió. Una sonrisa correcta.
Educada. Demasiado cor