POV Verena
Azkarion tomó mi mano con firmeza y salimos de allí sin mirar atrás.
Su contacto era cálido, seguro, como si al sostenerme quisiera recordarme que nada ni nadie podía arrebatarnos lo que teníamos. Subimos al coche y el motor rugió suavemente antes de alejarnos del lugar, dejando atrás luces, murmullos y una escena que aún ardía en mi memoria.
El trayecto fue silencioso. No un silencio incómodo, sino uno denso, cargado de pensamientos no dichos. Miraba por la ventana, viendo las sombra