POV AZKARION
El abuelo miró a Harold con un recelo que no necesitó palabras. En su silencio había una advertencia antigua, de esas que pesan más que un grito.
Yo apenas alcancé a percibirlo, porque entonces sentí las manos de los guardias clavándose en mis brazos.
Me levantaron con rudeza, como si mi cuerpo ya no me perteneciera, como si fuera un objeto incómodo que debía ser retirado de la escena.
El mundo giró un segundo. El aire me faltaba.
Me llevaron al interior de la mansión de campo.
El s