POV AZKARION
El abuelo miró a Harold con un recelo que no necesitó palabras. En su silencio había una advertencia antigua, de esas que pesan más que un grito.
Yo apenas alcancé a percibirlo, porque entonces sentí las manos de los guardias clavándose en mis brazos.
Me levantaron con rudeza, como si mi cuerpo ya no me perteneciera, como si fuera un objeto incómodo que debía ser retirado de la escena.
El mundo giró un segundo. El aire me faltaba.
Me llevaron al interior de la mansión de campo.
El suelo parecía alejarse, las paredes se volvían borrosas. Cerré los ojos con fuerza. No quería pensar.
No quería recordar. Solo necesitaba respirar. Inhalar. Exhalar. Aferrarme a eso como a un hilo invisible que me mantuviera consciente.
***
Abrí los ojos sin saber cuánto tiempo había pasado.
Podrían haber sido minutos o una eternidad. El dolor seguía ahí, profundo, sordo, pero lo primero que vi borró todo lo demás.
Ella estaba ahí.
—Verena… —susurré, y mi propia voz me sonó ajena, pesada, como si