POV Verena
Azkarion detuvo el beso de forma abrupta, como si en el último segundo hubiera decidido contener un impulso que podría haberlo devorado. Me sostuvo el rostro entre las manos y me miró con una intensidad que me hizo contener la respiración.
—No quiero que seas mía por un favor —dijo, con la voz grave, cargada de una promesa peligrosa—. Serás mía, sí… pero por placer.
No hubo reproche en su tono, tampoco ternura. Fue una declaración. Una sentencia que me dejó suspendida en el aire, con el corazón golpeando contra mis costillas. Azkarion se levantó sin darme tiempo a responder, dejándome allí, sentada en la orilla de la cama, con los labios hinchados, ardientes, casi doloridos por la ausencia repentina de los suyos. Mi cuerpo aún recordaba su cercanía, su calor, como si él siguiera allí, marcándome.
Lo observé quitarse la ropa con descaro, sin pudor alguno, como si mi presencia fuera irrelevante o, peor aún, completamente asumida. Luego se dirigió al cuarto de baño, dejándome s