POV Verena
Azkarion detuvo el beso de forma abrupta, como si en el último segundo hubiera decidido contener un impulso que podría haberlo devorado. Me sostuvo el rostro entre las manos y me miró con una intensidad que me hizo contener la respiración.
—No quiero que seas mía por un favor —dijo, con la voz grave, cargada de una promesa peligrosa—. Serás mía, sí… pero por placer.
No hubo reproche en su tono, tampoco ternura. Fue una declaración. Una sentencia que me dejó suspendida en el aire, con