Al verlo, retrocedí de inmediato, casi por instinto.
No fue un gesto consciente ni elegante; fue el cuerpo reaccionando antes de que la razón pudiera intervenir.
Mis pies se movieron solos, como si intentaran poner distancia entre Azkarion y yo, aunque sabía que era inútil. Había algo distinto en él. Algo que no estaba allí antes… o que siempre había estado, esperando el momento adecuado para mostrarse.
Su presencia se sentía más densa, más afilada. La forma en que me miraba ya no era solo intensidad ni deseo contenido; era algo más oscuro, más inquietante.
Esa mirada que tantas veces me había desarmado, que me había hecho sentir elegida y vulnerable al mismo tiempo, ahora me helaba la sangre. No era simple enojo. Era una mezcla peligrosa de posesión, control y una rabia silenciosa que vibraba en el aire como una amenaza que aún no se pronunciaba.
Mateus notó mi reacción. Lo supe incluso antes de que se girara, porque su cuerpo también se tensó. Cuando alzó la vista y sus ojos se encon