POV Azkarion
—¡No voy a morir! —escupí las palabras con una sonrisa torcida—. Soy demasiada hierba mala para morir.
Lo dije casi como un desafío al destino, como si al pronunciarlo pudiera obligar a la muerte a dar media vuelta.
Verena me miró con esa calma suya que siempre me desarma.
No sonrió, no se alarmó. Solo asintió despacio, como si aceptara mis palabras sin discutirlas, como si supiera algo que yo todavía no.
Ese gesto suyo me inquietó más que cualquier reproche.
Entonces se acercaron mi tía Paloma y Nicandro. Paloma llevaba esa expresión protectora que siempre ha tenido conmigo desde niño.
Para mí, ella no es solo una tía; es mi segunda madre, la única que estuvo cuando las cosas se torcieron de verdad.
—Hijo, va a comenzar la cacería —dijo con suavidad—. Vamos. Yo cuidaré de Verena.
Asentí sin discutir. No tenía sentido hacerlo.
Pero antes decidí ir a cambiarme. Algo dentro de mí no estaba en calma. Era una sensación espesa, incómoda, como una sombra clavada en el pecho.
Mi