POV Azkarion
—¡No voy a morir! —escupí las palabras con una sonrisa torcida—. Soy demasiada hierba mala para morir.
Lo dije casi como un desafío al destino, como si al pronunciarlo pudiera obligar a la muerte a dar media vuelta.
Verena me miró con esa calma suya que siempre me desarma.
No sonrió, no se alarmó. Solo asintió despacio, como si aceptara mis palabras sin discutirlas, como si supiera algo que yo todavía no.
Ese gesto suyo me inquietó más que cualquier reproche.
Entonces se acercaron