POV Emma
Akron llegó con un desayuno delicioso, servido con una calma.
La bandeja descansó frente a mí con una precisión impecable: mis frutas favoritas, cortadas con cuidado; el pan exacto que siempre pedía cuando quería sentirme mimada; el café preparado como me gustaba, ni muy cargado ni demasiado suave.
Todo estaba ahí. Todo lo que yo solía comer, como si lo supiera de memoria, y eso me sorprendió. ¿Cómo sabía tanto de mí?
Me quedé mirándolo unos segundos más de lo necesario.
No dije nada.
No debía saberlo… ¿Verdad?
Aun así, comí despacio, con una serenidad que no sentía.
Cada bocado era una confirmación silenciosa de algo que no quería nombrar todavía.
Akron no solo estaba atento: me conocía.
O quizá siempre me conoció más de lo que yo quise aceptar. Mientras desayunaba, sentía su mirada sobre mí, tranquila, satisfecha, como si observarme disfrutar fuera suficiente recompensa. No había prisa en él. No había ansiedad. Solo seguridad.
Después, sin apuro, me llevó a la casa de campo