POV Emma
Akron llegó con un desayuno delicioso, servido con una calma.
La bandeja descansó frente a mí con una precisión impecable: mis frutas favoritas, cortadas con cuidado; el pan exacto que siempre pedía cuando quería sentirme mimada; el café preparado como me gustaba, ni muy cargado ni demasiado suave.
Todo estaba ahí. Todo lo que yo solía comer, como si lo supiera de memoria, y eso me sorprendió. ¿Cómo sabía tanto de mí?
Me quedé mirándolo unos segundos más de lo necesario.
No dije nada.
N