POV Emma
Miré los ojos de Adrián y lo confirmé de inmediato: había miedo en ellos. No duda, no confusión. Miedo puro. Ese miedo que solo aparece cuando alguien sabe que ha perdido el control de la situación. Adrián no iba a decir nada. No esa noche. No frente a mí. Y la razón era simple, casi triste: Adrián es un cobarde.
—Emma, Adrián ha bebido —dijo Akron, colocándose apenas delante de mí, como si intentara protegerme—. Vamos a descansar.
Lo miré de reojo. Su voz sonaba calmada, pero su cuerpo estaba tenso. Sabía que aquello no había terminado. Nada había terminado.
Entré a la habitación sin discutir. No porque me convencieran, sino porque entendí que ese no era el momento.
Adrián cerró la puerta detrás de mí. El sonido fue seco, definitivo. Yo me quedé dentro. Ellos quedaron fuera.
Y escuché.
No podía verlos, pero podía imaginar cada gesto, cada mirada cargada de amenaza. Me acerqué a la puerta lentamente, sin hacer ruido, apoyando la espalda contra la madera fría.
—Tienes hasta ma